Cuando se quiere de hacer de las suyas en un restaurante se tiene que tener la mayor discreción posible para que “en boca cerrada no entren moscas”, regla que no respeto uno del grupo de cinco jóvenes que fue al restaurante Seagrass en Australia y planearon pedir los platos y vinos más caros del lugar para después salir del lugar con el pretexto de ir a fumar un cigarrillo y aprovechar la distracción de los miembros del lugar para irse sin pagar la cuenta.
El plan marchaba perfectamente, hasta que a uno de los jóvenes, se le ocurrió preguntar si en el lugar seguía trabajando una camarera que conocía tiempo atrás, lo cual le dio la pista a Peter Leary, dueño del lugar, para seguirle la pista por medio de la red mundial más popular (Facebook).
Cuando el Sr. Leary accedió a dicha red social, empezó a buscar entre los usuarios a ésta camarera y siguiendo a los amigos de ésta chica, vio la foto de uno de los jóvenes que se había ido sin pagar la cuenta.
Ya sabiendo el nombre de éste chico notó que en su perfil de contacto se decía que trabajaba en un restaurante que estaba a poca distancia del suyo, por lo que decidió corroborarlo llamado al dueño del lugar, quien al enterarse de la situación, despidió al joven que con su grupo de amigos (novia incluida) trataron de pasarse de listos. El chico al poco tiempo de verse sin trabajo e identificado (en un callejón sin salida), acudió al Seagrass, para liquidar la cuenta y complementarla en señal de disculpas, con una generosa propina.
Como se diría en la película de Batman The Dark Knight, en ésta historia Facebook no actuó no como un héroe, pero sí como un justiciero silencioso, un vigilante protector. Un caballero… ¿blanquiazúl?
El plan marchaba perfectamente, hasta que a uno de los jóvenes, se le ocurrió preguntar si en el lugar seguía trabajando una camarera que conocía tiempo atrás, lo cual le dio la pista a Peter Leary, dueño del lugar, para seguirle la pista por medio de la red mundial más popular (Facebook).
Cuando el Sr. Leary accedió a dicha red social, empezó a buscar entre los usuarios a ésta camarera y siguiendo a los amigos de ésta chica, vio la foto de uno de los jóvenes que se había ido sin pagar la cuenta.
Ya sabiendo el nombre de éste chico notó que en su perfil de contacto se decía que trabajaba en un restaurante que estaba a poca distancia del suyo, por lo que decidió corroborarlo llamado al dueño del lugar, quien al enterarse de la situación, despidió al joven que con su grupo de amigos (novia incluida) trataron de pasarse de listos. El chico al poco tiempo de verse sin trabajo e identificado (en un callejón sin salida), acudió al Seagrass, para liquidar la cuenta y complementarla en señal de disculpas, con una generosa propina.
Como se diría en la película de Batman The Dark Knight, en ésta historia Facebook no actuó no como un héroe, pero sí como un justiciero silencioso, un vigilante protector. Un caballero… ¿blanquiazúl?




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